Jackson Cionek
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América Latina - ¿Qué preguntas aparecen cuando cambiamos el territorio epistemológico?

América Latina - ¿Qué preguntas aparecen cuando cambiamos el territorio epistemológico?

A veces el problema no es que la ciencia tenga malas respuestas.

Tal vez el problema sea que seguimos formulando las mismas preguntas desde el mismo territorio epistemológico.

Gran parte de la psicología, la neurociencia y las ciencias cognitivas modernas se construyó en contextos europeos y norteamericanos. Incluso hoy, la ciencia del desarrollo sigue dependiendo fuertemente de poblaciones WEIRD —occidentales, educadas, industrializadas, ricas y democráticas—, mientras que las sociedades latinoamericanas permanecen subrepresentadas precisamente en la construcción de las teorías que después llamamos universales.

Pero no todo Cuerpo aprende en el mismo territorio.

No toda comunidad organiza de la misma manera la individualidad, la naturaleza, la pertenencia, el trabajo, la espiritualidad, el cuidado y la autoridad.

Entonces quizá debamos preguntar:

¿cuánto de lo que llamamos universal pertenece al organismo humano y cuánto pertenece al territorio epistemológico desde el cual aprendimos a observarlo?

Cambiar ese territorio no significa abandonar la evidencia.

Significa preguntar:

¿qué evidencias todavía no hemos producido porque determinadas preguntas nunca llegaron al laboratorio?

También somos masificados por las preguntas que no tuvimos

En BrainLatam hemos utilizado repetidamente una provocación:

también somos masificados por las elecciones que no tuvimos.

Si ante nosotros aparecen solamente A y B, podemos experimentar libertad al elegir entre ambos.

Pero ¿quién decidió que C no aparecería?

Tal vez la ciencia también haya sido organizada de esta manera.

La colonización no encontró una América sin preguntas. Encontró pueblos, tecnologías, lenguas, organizaciones políticas y diversas relaciones con el agua, los bosques, los animales, los colectivos y el territorio.

Muchas de esas formas de preguntar no participaron en igualdad de condiciones en las instituciones que posteriormente determinaron qué sería conocimiento legítimo.

Descolonizar, entonces, no necesita significar sustituir una respuesta europea por una latinoamericana.

Puede significar algo más fértil:

aumentar el número de lugares desde los cuales una pregunta puede comenzar.

La psicología comunitaria decolonial desde Abya Yala propone precisamente este desplazamiento: las comunidades dejan de ser objetos pasivos de interpretación para participar en la producción del conocimiento, preguntando no sólo qué conocemos, sino con quién producimos ese conocimiento y para qué.

Una punta Umbu: cuando el objeto ya contiene otros encuentros

Podemos volver esta discusión menos abstracta.

Imaginemos entrar al Museo Arqueológico de Sambaqui de Joinville — MASJ y encontrar materialidades relacionadas con las ocupaciones precoloniales de la región.

El MASJ se define como un espacio de memoria, producción y difusión de conocimiento, preservando colecciones precoloniales arqueológicas, científicas, etnográficas y tecnológicas.

Ahora imaginemos una punta lítica asociada a la tradición Umbu.

Materialmente, encontramos piedra trabajada.

Pero ¿encontramos solamente piedra?

Alguien seleccionó la materia prima.

La sostuvo.

Produjo fracturas.

Evaluó forma, espesor, filo y posibilidades de uso.

Otra persona pudo haber observado el gesto.

Aprendido.

Repetido.

Modificado.

Cuando otro Cuerpo-Territorio encuentra ese objeto miles de años después, el encuentro ya es diferente.

Un arqueólogo puede percibir tecnología.

Un artesano puede percibir el gesto de talla.

Una comunidad puede percibir ancestralidad.

Un niño tal vez vea sólo una piedra puntiaguda.

El objeto material continúa siendo reconocible.

El encuentro no.

Esto nos recuerda que los datos no son significado.

El objeto preserva vestigios de encuentros anteriores, pero no contiene íntegramente aquello que vivieron quienes lo produjeron.

¿Y si aquello que encuentro también puede percibirme?

Aquí aparece una diferencia decisiva.

La punta Umbu puede transformar a quien la encuentra.

Pero no percibe nuestra reacción ni reorganiza intencionalmente su próxima relación con nosotros.

Otro sujeto sí puede hacerlo.

Cuando encuentro otro Cuerpo-Territorio:

yo percibo;

el otro percibe;

respondo a su respuesta;

él responde a la mía;

y ambos cambiamos.

Pasamos de:

sujeto → objeto → transformación

a:

Sujeto A ⇄ encuentro ⇄ Sujeto B.

Después:

A₁ + B₁ → encuentro → A₂ + B₂.

El siguiente encuentro ya comienza de manera diferente para ambos.

Esto abre una pregunta fundamental:

¿existen formas de sentir que dependen precisamente de que aquello que encuentro también sea capaz de sentir y responder?

Confianza, vergüenza, pertenencia, rechazo y reciprocidad sugieren que el otro no es simplemente un “estímulo social”.

El otro participa en la configuración mediante la cual percibo quién soy en ese momento.

Un bebé puede percibir primero sin convertirse en “líder”

Un estudio reciente de Goharbakhsh y Kulke ofrece un ejemplo particularmente interesante.

Bebés y cuidadores participaron juntos en una situación de inclusión, exclusión y reinclusión social. El diseño experimental permitió comparar momentos en los que simplemente “no era el turno de la díada” con momentos de verdadera exclusión social.

En los bebés, la potencia theta fue significativamente mayor durante la exclusión que durante los eventos equivalentes de “no es mi turno”. Los cuidadores no mostraron la misma diferenciación theta. Además, la sincronía intercerebral no aumentó simplemente de manera global durante la exclusión.

Esto no nos permite afirmar que el bebé tuvo “más conciencia” que el cuidador.

Permite una afirmación más cuidadosa:

en aquel acontecimiento, el cambio relacional adquirió mayor peso neurofuncional en el bebé.

El cuidador participó del mismo evento sin necesidad de reproducir el mismo estado neural.

Quizá sea precisamente esta asimetría la que permita la regulación.

El bebé cambia.

El cuidador encuentra ahora a un bebé modificado.

Su respuesta cambia.

El bebé encuentra entonces a un cuidador que ya fue modificado por su propia reacción.

La díada se reorganiza sin que ambos cerebros necesiten “entrar en la misma onda”.

Tal vez esto se parezca más a un sincronismo de bandada que a una sincronía literal de ondas cerebrales.

¿Y si la diferencia de un participante fuera información para el colectivo?

Aquí podemos hacer una analogía cautelosa con los sistemas ON/OFF.

En los circuitos sensoriales, las diferencias relativas entre niveles de actividad ayudan a hacer perceptibles el contraste y el cambio. Ningún elemento individual necesita contener toda la representación.

No estamos diciendo que las personas sean “neuronas ON u OFF”.

La pregunta es otra:

¿qué ocurre si, dentro de un colectivo, un participante detecta una diferencia antes de que esa diferencia adquiera suficiente peso para los demás?

En ese caso, la desincronización puede no representar una falla.

Puede representar sensibilidad local.

Un individuo situado en determinado borde funcional percibe primero.

Su cambio altera aquello que los participantes vecinos encuentran.

Las respuestas se propagan.

El colectivo empieza a cambiar.

Por eso las bandadas y los cardúmenes ofrecen analogías interesantes.

En bandadas de estorninos pueden aparecer correlaciones a gran escala aunque los individuos respondan dentro de dinámicas locales. No es necesario que exista un “comandante de la bandada” que posea una representación completa del movimiento colectivo.

Tal vez un colectivo humano tampoco necesite percibir todo simultáneamente.

Quizá necesite preservar la diferencia durante el tiempo suficiente para que aquello que apareció primero en uno de sus bordes pueda circular.

Jiwasa: posición funcional sin propiedad del poder

Aquí es donde Jiwasa se vuelve especialmente potente.

En la formulación de BrainLatam:

pertenecer no exige permanecer en la misma posición.

Hoy puedo ser yo quien perciba primero una diferencia.

Mañana puedes ser tú.

En una circunstancia, mi conocimiento adquiere mayor peso funcional. En otra, otro Cuerpo-Territorio ocupa la posición más sensible a lo que está ocurriendo.

Esto modifica profundamente el significado del liderazgo.

Quien percibe primero no necesita transformar esa posición en un derecho permanente a mandar.

Podemos tener:

diferencia → posición sensible → función temporal → reorganización colectiva

sin producir necesariamente:

función → cargo → poder permanente → herencia → dinastía.

Aquí encontramos una crítica importante a las narrativas evolucionistas lineales.

The Dawn of Everything, de David Graeber y David Wengrow, cuestiona la idea de que las sociedades humanas hayan evolucionado inevitablemente desde grupos simples hacia jerarquías cada vez más rígidas. Los autores destacan ejemplos históricos y antropológicos de sociedades que modificaban sus formas de autoridad según la estación, el contexto y la tarea. Casos e interpretaciones específicas continúan siendo discutidos, pero la crítica a una única trayectoria evolutiva inevitable es importante.

Quizá una herencia colonial consista precisamente en asumir que la complejidad necesita jefes permanentes.

Puede que no.

La función puede depender de la posición.

El poder no necesita convertir esa posición en propiedad.

Sincronizar no es volverse iguales

Esto también cambia nuestra interpretación del hyperscanning.

Un metaanálisis de 2024 encontró asociaciones positivas entre sincronía intercerebral, procesos de trabajo en equipo y desempeño. La sincronía es, por lo tanto, una variable importante. Pero estos hallazgos no significan que la sincronía máxima sea siempre el mejor estado posible.

El estudio cuidador-bebé muestra por qué debemos ser cautelosos.

Dos organismos pueden participar en el mismo acontecimiento, regularse mutuamente y aun así mostrar respuestas neurales diferentes.

Quizá los colectivos adaptativos necesiten alternar:

sincronía ⇄ diferencia ⇄ reorganización ⇄ nueva sincronía.

Entonces la pregunta deja de ser solamente:

“¿cuánto se sincronizó el grupo?”

y pasa a ser:

“¿dónde apareció primero una diferencia relevante y cómo logró circular?”

¿Quién la percibió?

¿Quién respondió?

¿Quién adquirió temporalmente mayor peso funcional?

¿Cuánto tiempo pasó antes de que la centralidad volviera a desplazarse?

Tal vez una de las propiedades más importantes de un colectivo inteligente sea precisamente la movilidad de la centralidad.

De la recurrencia a las burbujas

Y existe una posible consecuencia.

Si determinados Cuerpos-Territorios conviven repetidamente, sus respuestas pasan a formar parte del ambiente de los demás.

Uno percibe amenaza.

Su expresión cambia.

Otro encuentra esa expresión.

Responde.

La respuesta regresa al primero.

Con la repetición, algunas diferencias pueden ganar peso mientras otras lo pierden.

Aquí podemos formular, como hipótesis BrainLatam:

una burbuja de identidad quizá comience antes de la propia identidad discursiva — cuando recurrencias relacionales empiezan a estabilizar qué diferencias merecen atención, confianza, miedo o pertenencia.

No porque todos tengan el mismo cerebro.

Sino porque comienzan a compartir un paisaje de relevancias.

Una burbuja, entonces, no sería solamente un conjunto de contenidos semejantes.

Sería un territorio relacional que modifica continuamente el peso de las diferencias percibidas por sus participantes.

¿Quién interpreta lo que sintió el colectivo?

Y finalmente llegamos al problema epistemológico.

Un algoritmo identifica clusters.

Un investigador identifica sincronías.

Pero los datos no explican por sí solos su significado.

Por eso BrainLatam propone la restitución:

los datos deben regresar a quienes los produjeron.

El Cuerpo-Territorio debería poder comprender, interpretar, cuestionar y transformar la representación producida sobre él.

Así:

sujeto → datos → investigador → interpretación

puede convertirse en:

sujeto ⇄ datos ⇄ interpretación ⇄ sujeto.

No para sustituir evidencia por opinión.

Sino para impedir que la persona observada desaparezca precisamente cuando comienza la producción de significado.

Tal vez esto sea lo que cambiar el territorio epistemológico nos permite preguntar.

No solamente:

“¿qué observamos en ellos?”

Sino:

“¿qué fenómenos aparecen cuando diferencia, posición, pertenencia e interpretación permanecen móviles?”

Quizá un colectivo inteligente no sea aquel en el que todos siguen el mismo centro.

Tal vez sea aquel capaz de cambiar continuamente dónde está el centro sin convertir una posición funcional temporal en un derecho permanente a mandar.

Referencias

Fernández-Theoduloz, G. (2024). Research in Latin America from a decolonial perspective: Challenges of producing socially situated knowledge. Journal of Research on Adolescence, 34(2), 517–520.
Discute el predominio de poblaciones WEIRD y la necesidad de una producción latinoamericana de conocimiento socialmente situada.

Ciófalo, N., & Ortiz-Torres, B. (2024). Toward decolonial community psychologies from Abya Yala. American Journal of Community Psychology, 74, 62–73.
Propone epistemologías comunitarias y pluriversales desde Abya Yala.

Goharbakhsh, N., & Kulke, L. (2026). Can You Feel My Pain? Neural-Behavioural Changes in Caregiver–Infant Dyads During Ostracism. Developmental Science, 29(5), e70269. https://doi.org/10.1111/desc.70269
Muestra mayor potencia theta infantil durante la exclusión en comparación con “no es mi turno”, sin la misma diferenciación en los cuidadores y sin un aumento global simple de la sincronía intercerebral.

Cavagna, A., et al. (2010). Scale-free correlations in starling flocks. Proceedings of the National Academy of Sciences, 107(26), 11865–11870. https://doi.org/10.1073/pnas.1005766107
Demuestra propiedades colectivas de gran escala en bandadas, utilizadas aquí como referencia para sistemas complejos y propagación de perturbaciones.

Réveillé, C., Vergotte, G., Perrey, S., & Bosselut, G. (2024). Using interbrain synchrony to study teamwork: A systematic review and meta-analysis. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 159, 105593.
Encuentra asociaciones positivas entre sincronía intercerebral y procesos de trabajo en equipo, sin establecer que la sincronía máxima sea universalmente óptima.

Graeber, D., & Wengrow, D. (2021). The Dawn of Everything: A New History of Humanity. Farrar, Straus and Giroux.
Cuestiona las narrativas evolucionistas lineales y destaca la variabilidad histórica de la autoridad, la jerarquía y la organización social.

Museo Arqueológico de Sambaqui de Joinville — MASJ.
Espacio de memoria, producción y difusión del conocimiento que preserva colecciones precoloniales arqueológicas, científicas, etnográficas y tecnológicas.

BrainLatam (2026). Jiwasa — pertenecer sin permanecer en la misma posición.
Desarrolla la pertenencia como compatible con movilidad posicional y relevancia funcional temporal.

BrainLatam (2026). Los datos deben volver a quienes los produjeron.
Propone devolver datos e inferencias al Cuerpo-Territorio para que el sujeto pueda volver a participar de la interpretación, cuestionamiento y transformación.








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Jackson Cionek

New perspectives in translational control: from neurodegenerative diseases to glioblastoma | Brain States