Jackson Cionek
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Antes del “yo elegí” - ¿el Cuerpo-Territorio ya estaba participando en la decisión?

Antes del “yo elegí” - ¿el Cuerpo-Territorio ya estaba participando en la decisión?

Cuando decimos “yo decidí”, solemos situar el comienzo de la decisión en el momento en que conseguimos reconocerla y narrarla en primera persona.

“Yo pensé.”

“Yo evalué.”

“Yo elegí.”

Pero ¿la decisión realmente comienza en ese instante?

¿O la conciencia se encuentra con un Cuerpo-Territorio en el que una parte importante del proceso ya estaba en marcha?

Esta pregunta cobra especial fuerza a partir de la excelente iniciativa de Carina Pohle, Daniel Büchel, Silvana Bucher Sandbakk, Øyvind Sandbakk, Belinda Pletzer y Jochen Baumeister, autores del estudio publicado en 2026, Uncovering a hidden modulator for women in sports: An exploratory study of menstrual pain and brain connectivity, en la revista Women’s Health.

Pohle y sus colaboradores hicieron algo científicamente valioso. Frente a una clasificación aparentemente suficiente —las fases del ciclo menstrual y el uso de anticonceptivos— se preguntaron si una condición corporal importante podía estar quedando oculta.

El dolor.

Una variable que ya estaba presente

El estudio utilizó EEG en reposo para investigar la conectividad funcional en mujeres con ciclos menstruales naturales y en usuarias de anticonceptivos orales combinados.

Cuando los investigadores consideraron únicamente las fases y los grupos, no encontraron diferencias globales significativas en la conectividad funcional. Sin embargo, cuando la intensidad del dolor menstrual fue incorporada como covariable, aparecieron interacciones en medidas relacionadas con la organización de las redes cerebrales, especialmente en la banda theta.

Es fundamental no ir más allá de lo que el artículo demuestra.

Pohle et al. no investigaron la toma de decisiones consciente, no demostraron que el dolor determine elecciones y tampoco establecieron una relación causal con el rendimiento deportivo.

Sin embargo, su iniciativa permite formular una pregunta que interesa directamente al modelo Religare:

si una condición corporal ya participa en la organización neural en reposo, ¿cuánto de lo que luego llamaremos “mi decisión” comienza en condiciones que todavía no forman parte de nuestra narrativa consciente?

La importancia del trabajo de Pohle está precisamente en mostrar que algo relevante podía estar presente antes de la variable que normalmente elegíamos observar.

Antes de la conciencia, el organismo no estaba quieto

El lenguaje cotidiano suele crear una secuencia artificial.

Primero existiría un “yo”.

Después, ese “yo” recibiría información.

Luego pensaría.

Finalmente decidiría y le indicaría al cuerpo qué hacer.

La neurociencia contemporánea ofrece buenas razones para tratar esa secuencia con cautela.

Agustín Ibáñez y Georg Northoff, por ejemplo, han propuesto poner en diálogo las escalas temporales intrínsecas del cerebro con la interocepción alostática predictiva. Dentro de este marco, los procesos cerebrales y corporales integran de manera continua estados internos, demandas ambientales y anticipaciones necesarias para regular el organismo.

El investigador colombiano Hernando Santamaría-García, junto con Joaquín Migeot, Vicente Medel, Agustín Ibáñez y otros colaboradores, amplía esta perspectiva al discutir procesos alostáticos e interoceptivos que involucran cerebro, corazón, respiración, metabolismo, sistema inmunológico y ambiente.

El punto no es afirmar que el cuerpo “decidió en secreto”.

Es algo más fundamental:

cuando la conciencia se encuentra con una experiencia, no se encuentra con un organismo vacío.

Se encuentra con un organismo que ya está regulando, anticipando, seleccionando, comparando y respondiendo a condiciones internas y externas.

Cuerpo-Territorio: el cuerpo nunca llega solo

En BrainLatam utilizamos el concepto de Cuerpo-Territorio para evitar otra separación problemática: imaginar al individuo como una unidad cerrada y al ambiente como un simple fondo externo.

En América Latina, distintas tradiciones intelectuales han cuestionado esta separación desde caminos diferentes.

La antropóloga colombiana Astrid Ulloa y la geógrafa ecuatoriana Sofía Zaragocin sitúan los cuerpos-territorios, las territorialidades, las naturalezas y las relaciones con seres no humanos entre las dimensiones capaces de resignificar las geografías feministas latinoamericanas.

No están proponiendo una teoría neurocientífica. Su trabajo cuestiona, más bien, categorías que tratan al cuerpo y al territorio como entidades independientes.

Las investigadoras argentinas Ana Britos-Castro y Sofía Zurbriggen avanzan en una dirección semejante en Narrar(nos) desde el cuerpo-territorio. Su propuesta parte de epistemologías situadas y plantea metodologías que reconocen los contextos sociohistóricos y socioterritoriales desde los cuales nos narramos y producimos conocimiento.

Esta contribución es especialmente importante para nuestra pregunta.

Cuando decimos:

“yo elegí porque…”

la narrativa que aparece después de la elección también tiene un territorio.

Se construye a partir de aquello que conseguimos percibir, nombrar, recordar y reconocer como relevante.

El Cuerpo-Territorio no es solamente el lugar donde ocurre una decisión.

Participa de las condiciones que hacen posibles determinadas decisiones, percepciones y narrativas.

El conocimiento también es relación

El arqueólogo argentino Alejandro Haber, de la Universidad Nacional de Catamarca, ofrece otra contribución importante.

En O conhecimento é o relacionamento: cenas de gnosiologia catamarcana, publicado en 2022, Haber cuestiona la separación rígida entre quien conoce y aquello que es conocido. Su argumento surge de la arqueología y de una crítica a las jerarquías entre el conocimiento científico y los saberes locales, proponiendo que el conocimiento también debe ser comprendido a través de las relaciones que lo constituyen.

No debemos confundir esta propuesta con la metacognición neurocientífica.

Pero introduce una pregunta valiosa para Religare:

¿y si lo que sabemos sobre nosotros mismos también depende de las relaciones mediante las cuales llegamos a ser capaces de conocer?

Esto modifica el significado de conciencia en primera persona.

Primera persona no tiene por qué significar una persona aislada.

Puede significar la experiencia singular de un Cuerpo-Territorio continuamente constituido a través de relaciones.

Cuando “sentir” y “pensar” dejan de ser cajas separadas

La neurociencia reciente ofrece otra vía para esta discusión.

Jessica Hazelton, Sol Fittipaldi, Agustín Ibáñez y colaboradores investigaron las contribuciones de la interocepción y la cognición al reconocimiento de emociones. Sus hallazgos refuerzan la importancia de considerar conjuntamente procesos corporales y cognitivos al intentar comprender cómo reconocemos estados emocionales.

Esto también evita que reduzcamos la conciencia a una secuencia demasiado simple:

el cuerpo siente → la mente interpreta.

Puede existir, en cambio, una integración continua.

Y si la integración es continua, la pregunta cambia.

No necesitamos preguntar únicamente:

“¿cuándo la persona tomó conciencia de ello?”

También podemos preguntar:

“¿qué procesos ya estaban participando en aquello que después se convirtió en una experiencia consciente?”

Es aquí donde introducimos una hipótesis propia de BrainLatam.

Metacognición preconciencia

Llamamos provisionalmente a esta hipótesis metacognición preconciencia.

Es importante ser claros: no presentamos esta expresión como una categoría ya establecida o consensuada dentro de la neurociencia.

Estamos proponiendo un problema que puede ser investigado.

La metacognición se asocia tradicionalmente con la capacidad de monitorear o evaluar nuestros propios procesos cognitivos: reconocer incertidumbre, confianza, error, conocimiento o desempeño.

Nuestra pregunta es si podría existir una capa anterior a la narración explícita en primera persona, en la que el Cuerpo-Territorio ya esté monitoreando sus propias condiciones, anticipando posibilidades y ajustando relevancias, incluso antes de poder formular:

“estoy haciendo esto”.

No proponemos la existencia de un pequeño observador inconsciente dentro del cerebro.

La hipótesis es distinta.

El organismo puede modificar continuamente sus relaciones internas y externas de modo que, cuando finalmente aparecen experiencias como

“yo quiero”,
“yo temo”,
“yo prefiero”,
“yo elijo”,

estas ya encuentran una trayectoria.

Pohle et al. ofrecen un ejemplo provocador: el dolor estaba presente, variaba entre participantes y, cuando fue incorporado al modelo, también cambió la interpretación de los patrones de conectividad.

¿Cuántos otros moduladores participan de nosotros antes de formar parte de nuestra explicación sobre nosotros mismos?

Hacer, Planear y Elegir

Es en este punto donde aparece Religare.

Proponemos tres dimensiones inseparables en la relación entre el Cuerpo-Territorio y el mundo:

La Ciencia es Hacer.

Es actuar, experimentar y encontrarse con las consecuencias del mundo.

La Religión es Planear.

Es ir más allá del presente inmediato para representar aquello que todavía no existe: expectativas, posibilidades, reglas, amenazas, esperanzas, utopías y futuros deseables.

La Política es Elegir.

Es atribuir valor entre posibilidades: acercarse, evitar, priorizar, aceptar, rechazar.

Religare no es una cuarta dimensión.

Religare es reconocer que Hacer, Planear y Elegir ya están umbilicalmente entrelazados dentro de nuestras acciones.

El dolor ayuda a hacer visible esta integración.

Un Cuerpo-Territorio siente dolor.

Puede anticipar:

“si continúo, esto puede empeorar.”

Ya existe una representación del futuro: Planear.

Frente a distintas posibilidades:

“¿continúo o me detengo?”

Existe valoración: Elegir.

El organismo entonces modifica su acción:

continúa, retrocede, busca ayuda, adapta el movimiento.

Existe Hacer.

La separación entre Ciencia, Religión y Política comienza a desaparecer dentro del propio acontecimiento.

El futuro no está fuera del territorio

Aquí, el pensador indígena brasileño Ailton Krenak ofrece una contribución especialmente fértil.

En Futuro ancestral, publicado en 2022, Krenak cuestiona una concepción del futuro completamente separada del mundo vivo del presente. Su reflexión reúne futuro, ancestralidad, ríos, Tierra y continuidad de las relaciones en un mismo campo.

Krenak no está formulando Religare.

Pero su obra ayuda a cuestionar una premisa profundamente arraigada:

planear el futuro no significa necesariamente abandonar el territorio para construir una abstracción sobre aquello que vendrá.

Para Religare, esto es fundamental.

Planeamos desde un Cuerpo-Territorio.

Elegimos desde él.

Actuamos dentro de él.

Y cada acción produce nuevas condiciones para el siguiente Planear y para la siguiente Elección.

No es un círculo que vuelve al mismo lugar.

Es una espiral.

Antes de preguntar “¿por qué elegiste?”

Tal vez la lección más importante que extraemos de la iniciativa de Pohle y sus colaboradores sea metodológica.

Encontraron relevancia al preguntar por una variable que había permanecido oculta.

Religare intenta llevar un gesto científico semejante hacia la conciencia en primera persona.

Cuando alguien dice:

“yo decidí”,

no estamos intentando negar su decisión.

Estamos intentando ampliar la pregunta.

¿Cómo estaba su Cuerpo-Territorio?

¿Qué ya estaba siendo sentido?

¿Qué experiencias estaban disponibles?

¿Qué posibilidades comenzaban a anticiparse?

¿Qué ganó valor?

¿Qué perdió valor?

¿Qué ya estaba siendo hecho antes de que apareciera la frase:

“esta fue mi elección”?

Tal vez la metacognición preconciencia sea precisamente un intento de aproximar nuestra experiencia consciente a los procesos que participan de su formación.

Y tal vez Religare no sea encontrar una conciencia fuera del cuerpo.

Tal vez sea exactamente lo contrario:

percibir, en primera persona, que aquello que llamamos “yo” ya estaba Haciendo, Planeando y Eligiendo dentro de un Cuerpo-Territorio antes de poder contar la historia de su propia decisión.

Referencia principal

Pohle, C., Büchel, D., Sandbakk, S. B., Sandbakk, Ø., Pletzer, B., & Baumeister, J. (2026). Uncovering a hidden modulator for women in sports: An exploratory study of menstrual pain and brain connectivity. Women’s Health, 22, 17455057261456871. DOI: 10.1177/17455057261456871.

Referencias complementarias

Britos-Castro, A., & Zurbriggen, S. (2022). Narrar(nos) desde el cuerpo territorio. Nuevos apuntes para un pensamiento situado y metodologías en contexto. Ánfora, 29(52), 43–70. DOI: 10.30854/anf.v29.n52.2022.848.

Haber, A. (2022). O conhecimento é o relacionamento: cenas de gnosiologia catamarcana. Revista de Arqueologia, 35(1), 39–52. DOI: 10.24885/sab.v35i1.957.

Hazelton, J. L., Fittipaldi, S., Fraile-Vazquez, M., et al. (2023). Thinking versus feeling: How interoception and cognition influence emotion recognition in behavioural-variant frontotemporal dementia, Alzheimer’s disease, and Parkinson’s disease. Cortex, 163, 66–79. DOI: 10.1016/j.cortex.2023.02.009.

Ibáñez, A. (2022). The mind’s golden cage and cognition in the wild. Trends in Cognitive Sciences, 26(12), 1031–1034. DOI: 10.1016/j.tics.2022.07.008.

Ibáñez, A., & Northoff, G. (2024). Intrinsic timescales and predictive allostatic interoception in brain health and disease. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 157, 105510. DOI: 10.1016/j.neubiorev.2023.105510.

Krenak, A. (2022). Futuro ancestral. São Paulo: Companhia das Letras.

Santamaría-García, H., Migeot, J., Medel, V., Hazelton, J. L., et al. (2025). Allostatic Interoceptive Overload Across Psychiatric and Neurological Conditions. Biological Psychiatry, 97(1), 28–40. DOI: 10.1016/j.biopsych.2024.06.024.

Ulloa, A., & Zaragocin, S. (2022). Diàlegs sobre feminismes, ambientalismes i racismes des de les geografies feministes llatinoamericanes. Documents d’Anàlisi Geogràfica, 68(3), 481–491. DOI: 10.5565/rev/dag.743.




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Jackson Cionek

New perspectives in translational control: from neurodegenerative diseases to glioblastoma | Brain States