Jackson Cionek
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¿La resiliencia es soportar más o necesitar soportar menos?

¿La resiliencia es soportar más o necesitar soportar menos?

Cuando las palabras comienzan a atraparnos

Serie Especial BrainLatam — SBNeC 2026

Imaginemos a dos personas trabajando en el mismo hospital.

Ambas enfrentan jornadas largas.

Pocos profesionales.

Responsabilidad sobre vidas.

Sueño interrumpido.

Decisiones difíciles.

Presión.

Miedo a equivocarse.

Una logra atravesar meses manteniendo equilibrio emocional, relaciones sociales y desempeño.

La otra comienza a presentar agotamiento, alteraciones del sueño, irritabilidad y dificultades de concentración.

Es tentador concluir:

la primera persona es más resiliente.

Tal vez.

Pero existe una pregunta anterior:

¿Por qué estamos midiendo solamente cuánto puede soportar cada Cuerpo-Territorio y no cuánto ese ambiente le está exigiendo soportar?

Esta diferencia cambia profundamente la manera en que pensamos la resiliencia.

La resiliencia no debería significar soportarlo todo

En Neurociencia, Psicología y Medicina, la resiliencia generalmente se relaciona con la capacidad de mantener o recuperar el funcionamiento frente a la adversidad.

Eso es importante.

Un organismo incapaz de adaptarse a los cambios tendría enormes dificultades para sobrevivir.

Necesitamos poder enfrentar:

pérdidas;

cambios;

frustraciones;

amenazas;

enfermedades;

conflictos;

incertidumbres.

Pero existe un riesgo cuando una palabra científica sale del laboratorio y entra en la cultura.

La resiliencia puede dejar de describir una capacidad y comenzar a prescribir una obligación.

“Necesitas ser más resiliente.”

“Aprende a lidiar con la presión.”

“Controla tu ansiedad.”

“Duerme mejor.”

“Piensa en positivo.”

“Haz ejercicio.”

“Medita.”

Todo esto puede ayudar a determinados Cuerpos-Territorios.

Pero ninguna de estas intervenciones responde necesariamente a otra pregunta:

¿Era necesario que la presión fuera tan grande desde el principio?

Un hospital brasileño muestra la paradoja

En 2022, investigadores estudiaron a 321 profesionales de Enfermería de un hospital general brasileño.

La mayoría presentaba niveles moderados o altos de resiliencia.

Al mismo tiempo, el 73,5% estaba en riesgo de exposición al estrés ocupacional.

Los resultados también mostraron relaciones con las demandas psicológicas, el control sobre el trabajo, el apoyo social, la categoría profesional y la duración de la jornada diaria.

Esto produce una pregunta simple:

Si personas resilientes continúan expuestas a un ambiente de alto estrés, ¿hasta qué punto aumentar todavía más la resiliencia es la intervención correcta?

Tal vez una parte de la respuesta esté en el individuo.

Pero otra parte puede estar en:

la escala de trabajo;

la organización;

el número de profesionales;

la autonomía;

la previsibilidad;

el apoyo social;

la remuneración;

el descanso.

La resiliencia de un Cuerpo-Territorio no convierte automáticamente en saludable el territorio en el que necesita funcionar.

Incluso los más resilientes pueden llegar al burnout

Un estudio más reciente realizado en cuatro hospitales públicos de Fortaleza evaluó a profesionales de unidades de cuidados intensivos.

Entre 194 trabajadores, el 62% presentó síntomas generales de burnout.

Como era esperable, una mayor resiliencia estuvo asociada con menor burnout.

Pero apareció un detalle importante:

cerca de un tercio de los profesionales que estaban entre los de mayor resiliencia también presentaban burnout.

Esto no disminuye la importancia de la resiliencia.

Muestra sus límites.

Un organismo puede tener excelentes recursos adaptativos y, aun así, enfrentar una carga que excede continuamente esos recursos.

Tal vez la pregunta deje de ser:

¿Cómo hacer que esta persona sea suficientemente fuerte para este ambiente?

y pase a ser:

¿Qué ambiente permitiría que esa fuerza fuera utilizada para vivir, crear y cuidar, y no solamente para continuar soportando?

El cuerpo se adapta. Pero adaptarse tiene un costo

Aquí el concepto de alostasis ayuda.

Un organismo no mantiene estabilidad quedándose inmóvil.

Modifica constantemente:

la frecuencia cardíaca;

la actividad hormonal;

el metabolismo;

la atención;

las respuestas inmunológicas;

el comportamiento.

Anticipa necesidades y ajusta su funcionamiento.

Eso es extraordinario.

Pero la adaptación repetida tiene costos.

En 2024, investigadores latinoamericanos propusieron una lectura integrada de la alostasis para la salud y el desarrollo en América Latina. El trabajo destaca cómo niños y poblaciones de la región pueden enfrentar simultáneamente violencia, inseguridad alimentaria, contaminantes, desigualdades urbanas, acceso limitado a espacios verdes y otras exposiciones que se acumulan a lo largo del desarrollo.

Los autores defienden que las políticas públicas y las intervenciones deben incorporar condiciones sociales y ambientales, y no solamente características individuales.

Esto cambia nuestra espiral.

No tenemos solamente:

amenaza → cerebro → respuesta.

También tenemos:

planificación urbana

vivienda

contaminación

violencia

trabajo de los padres

alimentación

sueño

desarrollo

sistemas de estrés

cognición y comportamiento.

Y también existe el camino inverso.

El Cuerpo-Territorio participa políticamente en la sociedad que continuará produciendo esas condiciones.

Tal vez lo que llamamos fragilidad sea una exposición mayor

Imaginemos dos niños.

Uno vive en un territorio con:

alimentación previsible;

áreas verdes;

escuela cercana;

padres con horarios estables;

transporte seguro;

acceso a la salud;

tiempo para jugar.

El otro vive con:

inseguridad alimentaria;

violencia cercana;

largos desplazamientos;

vivienda precaria;

ingresos imprevisibles;

sueño fragmentado;

padres agotados.

Años después, sometemos a ambos al mismo test de “resiliencia”.

Podemos estar midiendo una característica individual.

Pero quizá también estemos midiendo historias de exposición completamente diferentes.

Una revisión de 2024 sobre adolescentes expuestos a desigualdad social en América Latina y el Caribe encontró asociaciones consistentes entre dificultades socioestructurales y menor bienestar, problemas emocionales y barreras para acceder a atención en salud mental.

Por lo tanto:

Antes de preguntar por qué un determinado Cuerpo-Territorio soporta menos, necesitamos preguntar cuánto tuvo que soportar antes de llegar al experimento.

El territorio deja marcas en la trayectoria de la salud cerebral

Esto no significa decir:

“la desigualdad determina el cerebro”.

Mucho menos que exista un cerebro latinoamericano biológicamente inferior o necesariamente vulnerable.

La evidencia apunta a algo diferente:

las trayectorias de salud cerebral son sensibles a las condiciones en las que ocurre la vida.

En 2025, un estudio publicado en The Lancet Global Health analizó una cohorte brasileña de 9.412 personas y bases adicionales de Colombia, Chile, Ecuador y Uruguay.

Factores relacionados con desigualdades sociales y de salud tuvieron una fuerte relevancia para la cognición y la capacidad funcional, con perfiles distintos entre los diferentes países.

En Brasil, la educación apareció con especial relevancia para los resultados cognitivos.

En otros contextos latinoamericanos, los síntomas de salud mental tuvieron mayor peso.

Este detalle es fundamental para la Neurociencia Decolonial:

Ni siquiera dentro de América Latina debemos asumir que la misma variable tiene el mismo peso en todos los territorios.

Brasil no es Chile.

Chile no es Colombia.

Una periferia de São Paulo no es el Valle del Javari.

Un barrio de Bogotá no es una comunidad andina.

El mecanismo biológico puede ser compartido.

La ecología que lo activa puede ser diferente.

Cuerpo-Territorio: la resiliencia no está solamente dentro del individuo

Tal vez necesitemos sustituir una representación.

En lugar de:

PERSONA → RESILIENCIA

podemos probar:

CUERPO-TERRITORIO ↔ RELACIONES ↔ AMBIENTE ↔ INSTITUCIONES.

Un estudio longitudinal con profesionales brasileños de la salud mostró que, además de factores individuales, la carga de trabajo apareció como factor de riesgo para burnout, mientras que las buenas relaciones familiares, el bienestar en el lugar de trabajo y el sueño adecuado actuaron como factores protectores.

Es decir:

la resiliencia no es necesariamente un escudo producido individualmente.

También puede emerger de:

relaciones;

control;

previsibilidad;

seguridad;

apoyo;

tiempo de recuperación.

Esta diferencia es política.

Ciencia: ¿cómo hacerlo?

En la analogía BrainLatam:

Ciencia → Hacer → Ejecutivo.

Si queremos saber qué produce realmente resiliencia, necesitamos probar más que intervenciones individuales.

Podemos comparar:

entrenamiento respiratorio;

actividad física;

psicoterapia;

meditación;

biofeedback;

sueño;

con:

reducción de jornada;

mayor previsibilidad de los horarios;

mayor autonomía;

mejores relaciones dentro del equipo;

mayor remuneración;

seguridad alimentaria;

acceso a espacios verdes;

reducción del tiempo de desplazamiento diario.

Podemos medir:

HRV;

cortisol;

respiración;

calidad del sueño;

atención;

memoria;

EEG;

fNIRS;

ausentismo;

burnout;

relaciones;

calidad de vida.

Y entonces formular una pregunta científica más completa:

¿Es más eficiente aumentar la capacidad adaptativa del Cuerpo-Territorio o reducir la carga que exige adaptación continua?

Tal vez la respuesta sea:

ambas.

Pero necesitamos medirlo.

Política: ¿cuánto sufrimiento juzgamos aceptable?

En la analogía BrainLatam:

Política → Opinar → Juzgar.

Aquí existe una decisión que ninguna imagen cerebral podrá tomar por nosotros.

Imaginemos que descubrimos que una persona puede trabajar 60 horas por semana sin presentar deterioro mensurable.

¿Eso significa que debe trabajar 60 horas?

No.

La ciencia puede ayudarnos a estimar consecuencias.

Pero todavía necesitamos decidir:

¿Qué mundo queremos compartir?

¿Qué nivel de estrés laboral consideramos aceptable?

¿Cuánto tiempo queremos destinar al trabajo?

¿Cuánto debería quedar para:

familia;

descanso;

arte;

contemplación;

participación política;

relaciones;

Bioma?

Estas son decisiones políticas.

La ciencia informa.

No sustituye el juicio colectivo.

Religión: ¿podemos imaginar un mundo que exija menos resistencia?

En la analogía BrainLatam:

Religión → Trascender → Legislativo.

Religión aquí no necesita significar una institución.

Estamos hablando de la capacidad de representar algo que todavía no existe.

Mientras discutimos resiliencia, quizá estemos atrapados en una creencia silenciosa:

El ambiente continuará siendo como es; por lo tanto, debemos adaptar a las personas a él.

Pero eso también es una elección.

Podemos imaginar otra:

¿Y si modificamos el ambiente?

Este movimiento es trascendente en el sentido BrainLatam.

Antes de existir:

una jornada diferente;

un ingreso diferente;

una ciudad diferente;

una relación diferente con el trabajo;

una política diferente de cuidado

necesitan existir primero como posibilidades representables.

Después podrán ser juzgadas políticamente.

Después podrán ser ejecutadas y probadas.

Esta es nuestra espiral:

Trascender → Juzgar → Hacer → Observar → Trascender nuevamente.

Cuando la resiliencia se convierte en instrumento para mantener el sistema

Aquí aparece un riesgo.

Una sociedad puede volverse excelente enseñando a las personas a soportar aquello que no consigue —o no quiere— transformar.

El trabajador enferma:

entrenamiento en resiliencia.

El profesor está agotado:

mindfulness.

El profesional de la salud está en burnout:

programa de autocuidado.

El adolescente no ve futuro:

piensa en positivo.

Ninguna de estas herramientas es necesariamente mala.

El problema aparece cuando sustituyen las preguntas estructurales.

¿Por qué existe agotamiento?

¿Quién definió esta jornada?

¿Quién recibe el valor producido?

¿Quién absorbe el costo fisiológico?

¿Qué regla convirtió esta condición en algo normal?

¿Quién tiene poder para cambiarla?

En ese momento, “resiliencia” comienza a atraparnos.

Una palabra creada para comprender la adaptación puede convertirse en una forma de evitar modificar el origen de la carga.

La espiral inversa

La Neurociencia suele comenzar por el organismo:

estrés
→ sistemas fisiológicos
→ cerebro
→ comportamiento.

BrainLatam propone también el camino contrario:

Estado

legislación laboral

empresa

jornada

ingresos

vivienda

tiempo de desplazamiento

sueño

fisiología

cerebro.

Ahora aparece otra pregunta:

¿Cuánto de lo que llamamos resiliencia individual es producido —o consumido— por la arquitectura política que organiza la vida?

No lo sabemos completamente.

Precisamente por eso necesitamos investigarlo.

¿Y el Bioma?

La espiral debe continuar.

Imaginemos una región cuya economía depende de:

extracción creciente;

jornadas extensas;

producción creciente;

consumo creciente.

La sociedad puede pedir simultáneamente:

que el trabajador sea más resiliente;

que el bosque sea más resiliente;

que el río sea más resiliente;

que la ciudad sea más resiliente;

que el clima sea más resiliente.

Tal vez estemos utilizando la misma palabra para evitar otra:

límite.

Resiliencia no significa capacidad infinita.

Ni para un organismo.

Ni para un colectivo.

Ni para un Bioma.

Una política orientada al Cuerpo-Territorio y al Bioma necesitaría preguntar no solamente:

¿Cuánto más podemos extraer sin colapsar?

sino:

¿Cuánto necesitamos producir realmente para vivir bien sin exigir una adaptación permanente a los cuerpos y territorios que sostienen esa producción?

Renta Bioma como hipótesis

Aquí la Renta Bioma puede reaparecer como una propuesta BrainLatam.

No como tratamiento para el burnout.

No como conclusión neurocientífica.

Sino como una hipótesis de reorganización de la ecología.

Si una parte de la seguridad económica pudiera estar vinculada al mantenimiento y regeneración de las condiciones del propio territorio, podríamos probar:

si disminuye la presión para aceptar trabajos excesivamente degradantes;

si cambia la previsibilidad de los ingresos;

si modifica el estrés familiar;

si cambia el tiempo disponible;

si transforma la relación económica con la explotación ambiental;

si aparecen nuevas formas de cooperación.

Tal vez funcione.

Tal vez produzca nuevos problemas.

La ciencia comienza precisamente cuando aceptamos ambas posibilidades.

¿Resiliencia para qué?

Tal vez esta sea la pregunta que faltaba.

¿Queremos resiliencia para que una persona pueda:

seguir haciendo más de aquello que la agota?

¿O para que pueda atravesar adversidades inevitables y, aun así, conservar energía para construir una vida que tenga sentido?

Existe sufrimiento que no podemos eliminar.

Perder a alguien.

Envejecer.

Encontrar límites.

Convivir con la incertidumbre.

Morir.

La capacidad de atravesar estas experiencias seguirá siendo profundamente humana.

Pero existen otros sufrimientos producidos por:

reglas;

salarios;

jornadas;

desigualdades;

urbanización;

violencia;

decisiones económicas.

Quizá sea un error tratarlos a todos como si fueran tormentas naturales que cada individuo simplemente necesita aprender a soportar.

Pregunta BrainLatam

Antes de enseñar a un Cuerpo-Territorio a soportar más, ¿podemos descubrir qué partes de aquello que soporta podrían simplemente dejar de existir?


Referencias recientes con enfoque latinoamericano — posteriores a 2021

Ribeiro RP et al. (2022). Resilience and the reduction of occupational stress in Nursing. Revista Latino-Americana de Enfermagem, 30. Estudio brasileño con 321 profesionales de Enfermería, relacionando resiliencia, demandas psicológicas, control y apoyo social.

Rosales Vaca KM et al. (2022). Mental health of healthcare workers of Latin American countries: a review of studies published during the first year of COVID-19 pandemic. Psychiatry Research. Revisión de estudios latinoamericanos sobre ansiedad, depresión y estrés en profesionales de la salud.

Migeot J et al. (2024). Allostasis, health, and development in Latin America. Neuroscience & Biobehavioral Reviews. Propone un modelo integrado entre procesos alostáticos, desarrollo, desigualdad, ambiente y políticas públicas latinoamericanas.

Sánchez-Castro JC et al. (2024). Mental health among adolescents exposed to social inequality in Latin America and the Caribbean: a scoping review. Frontiers in Public Health. Revisión de 42 estudios sobre desigualdad social, bienestar y salud mental de adolescentes latinoamericanos y caribeños.

Moser CM et al. (2024). Beyond the Pandemic: Longitudinal Lessons on Social Support, Sleep Quality, and Burnout Among Healthcare Workers. Journal of Occupational and Environmental Medicine. Estudio longitudinal brasileño que destaca la carga de trabajo como factor de riesgo y el sueño, las relaciones y el bienestar organizacional como factores protectores.

Da Ros LU et al. (2025). Social and health disparities associated with healthy brain ageing in Brazil and in other Latin American countries. The Lancet Global Health. Análisis que involucra Brasil, Colombia, Chile, Ecuador y Uruguay, mostrando la relevancia de las desigualdades sociales y sanitarias para la cognición y la capacidad funcional.

Burnout and resilience among intensive care workers facing the end of the COVID-19 pandemic (2025). Estudio realizado en cuatro hospitales públicos de Fortaleza, Brasil. Encontró una asociación inversa entre resiliencia y burnout, aunque también identificó burnout entre algunas personas con altos niveles de resiliencia.

Origen de la serie

La XLIX Reunión Anual de la SBNeC 2026, realizada del 30 de septiembre al 3 de octubre de 2026, propone una programación que atraviesa Neurociencia de Sistemas, Neurociencia Cognitiva y Conductual, Neurociencia Clínica y Traslacional, y Neurociencia y Educación, permitiendo conectar los mecanismos cerebrales con las condiciones concretas en las que viven los organismos.








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Jackson Cionek

New perspectives in translational control: from neurodegenerative diseases to glioblastoma | Brain States